Decidir con calma y estrategia puede marcar la diferencia entre reaccionar por presión y construir un camino sostenible.
Santiago, enero de 2026.- Con los resultados de los procesos de selección ya publicados, miles de estudiantes y familias en todo el país enfrentan uno de los momentos más sensibles del año académico. Para algunos, la noticia confirma el camino esperado. Para otros, abre un escenario inesperado, marcado por dudas, comparaciones y una fuerte presión por “resolver rápido” el futuro.
Para Carolina Rojas Parraguez, directora académica de CPECH, este período concentra una alta carga emocional, lo que puede llevar a decisiones poco reflexivas. “Cuando el plan original no resulta, es fácil reaccionar desde la urgencia: matricularse en cualquier parte por asegurar, improvisar un camino o asumir, erróneamente, que no se puede hacer más. Pero una trayectoria académica sólida no se construye en un solo paso, sino por etapas”, explica.
Distintos escenarios
En los casos en que los resultados son favorables, la recomendación no es avanzar a ciegas ni dar el proceso por cerrado demasiado pronto.
Elegir con calma, revisar mallas, modalidades de estudio y compatibilidad con la vida personal, ojalá sin presiones, también forma parte de una decisión responsable. “Un buen resultado no elimina la necesidad de planificación. Al contrario, permite proyectar el camino con mayor claridad y reducir el estrés que muchas veces aparece durante el primer año de educación superior”, sostiene Carolina Rojas Parraguez.
En tanto, cuando los resultados no acompañan, el impacto emocional puede ser mayor. Frustración, vergüenza o una sensación de fracaso personal suelen instalarse rápidamente, especialmente en un contexto que tiende a medir el éxito solo en función de puntajes.
Frente a esto, la directora académica de CPECH enfatiza que “un resultado adverso no define a una persona ni su futuro. Lo importante es entender dónde se está hoy, identificar opciones reales y construir una estrategia posible, sin desesperar ni tomar decisiones apresuradas”.
Desde la experiencia académica, uno de los principales aprendizajes es que ordenar el camino ayuda también a cuidar la salud mental. Separar etapas, fijar metas realistas y sostener un método en el tiempo permite bajar la ansiedad y recuperar la sensación de control. “Cuando los estudiantes entienden que existen distintos momentos y rutas posibles, el esfuerzo deja de dispersarse y las decisiones se toman con más claridad. Eso impacta directamente en su bienestar emocional”, agrega la especialista.
Preparación y cuidado
El proceso de preparación y postulación no comienza ni termina en una sola prueba. El trabajo con estudiantes de enseñanza media, el fortalecimiento del rendimiento escolar, la preparación sistemática para las pruebas de admisión y la posibilidad de reordenar estrategias tras el egreso forman parte de un mismo continuo. “No se trata de hacer más, sino de entrenar mejor, con método, acompañamiento y expectativas ajustadas a la realidad de cada estudiante”, sostiene Carolina Rojas Parraguez.
En este contexto, la salud mental aparece como un eje clave. Se recomienda validar las emociones que surgen en este período, evitar comparaciones y promover conversaciones abiertas en las familias.
“Avanzar con estrategia no significa endurecerse ni exigirse sin límite. Significa sostener el rumbo con apoyo, información y contención, entendiendo que el camino educativo no es lineal”, concluye Carolina Rojas Parraguez, añadiendo que asumir este momento con perspectiva y ayuda puede marcar la diferencia entre reaccionar por presión y construir un proyecto educativo sostenible en el tiempo.
Fuente: Impronta