Un sondeo de DefensaDeudores.cl revela que el endeudamiento no solo golpea el bolsillo: afecta la tranquilidad, la salud mental, los vínculos personales y los proyectos de vida y, de hecho, más del 76% reconoce que las deudas han impactado fuertemente su bienestar emocional.
En el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, que se conmemora cada 13 de enero, DefensaDeudores.cl realizó un sondeo para dimensionar la relación entre endeudamiento y bienestar emocional. A primera vista, los resultados confirman una realidad cada vez más extendida: las deudas se han convertido en un factor de deterioro significativo de la salud mental y la calidad de vida en Chile.
Al hacer zoom, ante la pregunta cómo relacionan sus deudas con su bienestar emocional, un 63,4 % de las personas encuestadas afirmó que sus deudas han afectado directamente su tranquilidad y salud emocional, mientras que un 29,9 % señaló que ambas dimensiones (deudas y estado emocional) se han ido afectando mutuamente. Solo un 0,7 % declaró no percibir una relación directa entre ambos factores.
“Las cifras confirman que la deuda no es solo un problema financiero, sino una experiencia de estrés crónico que se instala en la vida cotidiana. Impacta el sueño, deteriora las relaciones personales y termina condicionando la toma de decisiones, muchas veces desde el miedo o la urgencia. Cuando la preocupación por las deudas se vuelve permanente, deja de ser un asunto puntual y pasa a afectar directamente la salud mental y la calidad de vida de las personas”, explica Ricardo Ibáñez, abogado y fundador de DefensaDeudores.cl.
Además, el impacto tiende a profundizarse con el tiempo. Un 51 % de los encuestados reconoce que su bienestar emocional ha tenido “altos y bajos, con momentos difíciles” desde que las deudas se volvieron una preocupación central, y un 36,8 % afirma que su estado emocional ha empeorado progresivamente. En contraste, apenas un 9,4 % señala haber experimentado una mejora, generalmente asociada a la búsqueda de apoyo o a ordenar su situación financiera.
Esta presión constante se traduce en un malestar intenso y sostenido: un 76,5 % declara que las deudas han afectado mucho su tranquilidad y bienestar emocional en las últimas semanas. Solo un 5,8 % indica que el impacto ha sido bajo o inexistente.
Al profundizar en los efectos concretos, el sondeo muestra un cuadro preocupante. Un 71 % vive con preocupación constante o angustia, un 43,9 % presenta dificultades para dormir, y un 41 % siente que no tiene salida. A ello se suman síntomas como tristeza o desánimo (38,7 %), culpa o vergüenza (35,4 %) e irritabilidad (32,2 %). En el plano conductual, un 30 % reconoce evitar enfrentar el problema y un 26,4 % reporta dificultades de concentración o rendimiento.
“Cuando una persona siente que no tiene salida, deja de enfrentar el problema y entra en una espiral de angustia. Ahí es donde el daño ya no es solo económico, sino también psicológico y social”, advierte Ibáñez.
El impacto también se proyecta sobre la vida cotidiana y las relaciones personales. Más de la mitad de las personas encuestadas (56,4 %) señala que sus proyectos y planes de vida han sido el ámbito más afectado, seguido por las relaciones familiares o de pareja (50,1 %) y la salud física (38,7 %). Además, un 30,5 % declara haberse aislado o distanciado de otras personas y un 19,7 % reconoce efectos negativos en su desempeño laboral o académico.
En este contexto, no sorprende que un 20,4 % de los encuestados haya terminado contratando un abogado para enfrentar su situación de deudas. “Muchas personas piden ayuda cuando el daño emocional ya es alto. Por eso es clave enfrentar el problema a tiempo e informarse bien, porque sí existen vías para evitar el sobreendeudamiento, ordenar una deuda y prevenir una quiebra. Son mecanismos reales, regulados por la Ley de Insolvencia y Reemprendimiento, y pedir ayuda no es un fracaso, sino una forma concreta de recuperar control, estabilidad y bienestar”, concluye el fundador de DefensaDeudores.cl.
Fuente: wearesimplicity.